5-10 años
Mi infancia fue sencilla y feliz: buenos padres, amigos de barrio, una familia unida.
Pero había algo que me distinguía… era pura energía. Tanto que, a veces, me metía en más de un problema.
¿Cómo canalicé toda esa energía?
La decisión de mi padre lo cambió todo…
Me inscribió en clases de tenis. Entre torneos y entrenamientos, encontré la mejor forma de canalizar mi energía: aprender, competir y disfrutar cada juego.
11-14 años
Cuando mi vida dio un giro inesperado...
Entre los 11 y 14 años, mi vida cambió de raíz. Dejé Colombia con mi familia para buscar nuevas oportunidades, y con ello, dejé atrás amigos, lugares y todo lo que conocía.
Empezar de nuevo en otro país no fue fácil: la timidez me acompañó, enfrenté bullying escolar, inseguridades y retos personales. Pero cada obstáculo fue dejando huellas que, con el tiempo, se convertirían en fuerza.
El año que me obligó a despertar...
En 2022 me di cuenta de algo doloroso: era esclavo de la tecnología. Pasaba horas en el teléfono, me perdía en los videojuegos y me rodeaba de amistades tóxicas que no me respetaban.

Después de años de malos hábitos, la factura llegó. Y entendí una verdad que cambiaría mi vida: nadie iba a venir a rescatarme… el cambio debía hacerlo yo.
La chispa que encendió mi pasión
A los 14 años, logré algo que marcaría mi camino: compré mi primera PS5 con mi propio esfuerzo. Reuní 750 CAD vendiendo portátiles, y aunque la consola fue el premio, lo verdaderamente importante fue lo que descubrí en el proceso: una pasión por la informática.
A partir de ahí, me sumergí en el mundo de los portátiles y PCs, investigando, reparando y aprendiendo a prueba y error hasta dominar lo que hoy considero mi vocación.
14 -16 años
Un reinicio de vida...
En medio de este nuevo interés, llegó un cambio radical: me trasladé a otra escuela. Este paso no fue solo un cambio de aulas, sino una oportunidad de empezar de cero. Nuevos compañeros, nuevos retos y la posibilidad de que me conocieran por lo que realmente era, sin etiquetas del pasado. Ese cambio de entorno fue un punto de quiebre que empezó a moldear la persona en la que me convertiría.
Retos y disciplina
Con el cambio de vida, también llegaron nuevos desafíos. Me volqué de lleno en el deporte: tenis, gimnasio y natación. La natación me ponía a prueba física y mentalmente —incluso con calambres—, el gimnasio me exigía constancia incluso en pleno invierno, y el tenis me enseñó coordinación y estrategia.
Esa rutina forjó una disciplina que aplicaría después en todos los aspectos de mi vida.
Una nueva perspectiva
En la última etapa de la secundaria, algo dentro de mí cambió para siempre: comprendí que nadie iba a escribir mi historia por mí.
Adopté una mentalidad emprendedora y empecé a ver el futuro como un lienzo en blanco que yo podía pintar. Vender portátiles no solo me daba ingresos; me daba la confianza de que podía construir algo por mi cuenta, y que el control de mi vida estaba en mis manos.
17 años: el inicio de mi futuro
Hoy, a mis 17 años, decidí no seguir el camino tradicional.
No elegí la universidad como única opción, sino que opté por emprender y crear mi propia marca.
Me dedico a compartir mi conocimiento en informática y tecnología, a desarrollar negocios que me permitan crecer y, sobre todo, a forjar una historia escrita en mis propios términos.
Mi meta es clara: vivir de lo que me apasiona, ayudar a otros con lo que sé y ofrecerle a mi familia un futuro construido con esfuerzo y autenticidad.
Este es solo el comienzo...
Hoy escribo mi historia con mis propias reglas.
Si quieres acompañarme en este camino, puedes conectarte conmigo aquí:
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